Aún no había escrito las cervezas que te quedaban para besarme.
Dile al camarero que se cobre una Desperados,
para compensar tu desesperación
por mis huesos.
Por qué no una Inedit
para acostumbrarte a eso de mujeres
auténticas y sin maquillar.
Una Franziskaner para que se te evaporen
las dudas de castidad
y nunca acabes de comerme
eso
y los lunares.
Antes de acabar,
una Delirium Tremens
provocado por mis labios
o tus ganas de no dejarme latir.
La última, invito yo,
una Mort Subite para acabar tan repentinamente
en tu cama como en la mía,
o en el suelo
-sin consuelo-
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