Era aficionada al correteo
que se traían entre manos
tus dedos por mi cuerpo.
El reír de tu impaciencia
por conquistar de una puta vez
lo que querías,
ser la razón de mis días,
y de mis noches;
del estar aquí escribiéndote
unas líneas que ahora ya,
ni apenas tienen sentido
por la jodida prisa que tenías
en sembrarme
e irte.
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