Hablemos de la maldad,
de los vicios inconfesables,
de los culos de botella del sábado noche,
de nosotros,
de ti,
de mí,
de mis pecados -contigo y sin ti-.
Olvidemos las malas caricias,
mi pecho falto de consuelo,
que te echo de menos
y ninguno sabe por qué.
Recordemos las reliquias de nuestra casa en ruinas,
de las pelusas de debajo de la cama
donde fuimos
ángel y demonio revueltos,
envueltos entre las sábanas.
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