lunes, 2 de diciembre de 2013


Te declaro la guerra.

Le declaro la guerra al lunar de tu ombligo,
al hoyuelo que guarda tantos de mis secretos;
a tu barbilla,
que creas o no,
tiene su gracia;
al pelo rebelde que se manifiesta en tu flequillo;
a tus dedos que me matan de frío
cada vez que tocan los míos.

Le declaro la guerra al brillo de tus ojos,
el que me incita a sonreír
como la niña buena que
nunca rompió un plato,
y hoy te pide
que rompas con ella
todas y cada una
de las normas que nos están prohibidas.

Te declaro la guerra y
me declaro como culpable
de tu derrota.

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