Te declaro la guerra.
Le
declaro la guerra al lunar de tu ombligo,
al
hoyuelo que guarda tantos de mis secretos;
a
tu barbilla,
que
creas o no,
tiene
su gracia;
al
pelo rebelde que se manifiesta en tu flequillo;
a
tus dedos que me matan de frío
cada
vez que tocan los míos.
Le
declaro la guerra al brillo de tus ojos,
el
que me incita a sonreír
como
la niña buena que
nunca
rompió un plato,
y
hoy te pide
que
rompas con ella
todas
y cada una
de
las normas que nos están prohibidas.
Te declaro la guerra y
me
declaro como culpable
de
tu derrota.
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