Estábamos los dos tan bien. Éramos como uña y carne, como acera y asfalto, como 'A' y 'S' en cada teclado. No podíamos despegarnos, parecíamos siameses que peleaban por amarse, por seguir juntos y nunca separarse. Pensábamos que era incapaz que hubiera algo que nos separara, que nos hiciera daño, pues juntos formábamos el ejército más grande que ganaba todas y cada una de las complicadas batallas.
Todo lo que empieza, acaba, y esto, tarde o temprano terminaría por acabar.
Acabó más pronto que tarde, más en primavera que en invierno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario