No sé si es por amor
o ya por sentimiento,
pero este silencio me mata poco a poco
como el otoño va matando a las pocas hojas
que le quedan a los árboles
cuando toca a la puerta el invierno.
Frío,
dijiste que pasaría poco a tu lado,
que me salvarías de cualquier precipicio,
que se evaporarían todas
y cada una de mis penas,
pero ya veo que una vez más
(de esas cien mil),
me fallaste
y te fuiste.
Te fuiste y te llevaste el Sol de enero,
mis noches en vela,
mis sueños despiertos,
y lo que más,
mi cabeza tocada
por tu locura.
Y ahí está la diferencia
entre seguir viviendo o morir,
entre besarte o versarte,
entre quererte o atarme,
que se asemeja.
No hay comentarios:
Publicar un comentario